Diez años atrás, las elecciones de 2003 consagraron a Néstor Kirchner como presidente. A partir de allí, se inició una época bisagra de la Argentina. La vuelta de la pólica, la militancia y la participación ciudadana fueron algunas de sus banderas.
Ese 27 de abril de 2003, 4.312.517 argentinos eligieron confiar en ese flaco alto, de nariz encorvada y un ojo piantado, casi un desconocido para muchos, cuyo nombre no sabían escribir ni los propios. "Kisner", "Kirner" y hasta "Kissinger", según recuerda una anécdota.
Enfrente estaba el ex presidente Carlos Menem, que cargaba consigo el derrumbe de un modelo neoliberal que, como su sucesor no supo controlar y estalló en pedazos, oficiaba también como principal ventaja.