Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Limnología (Inali) y del Conicet logró registrar el desplazamiento más largo conocido para una raya estrictamente de agua dulce. Se trata de una hembra que recorrió al menos 170 kilómetros en el río Paraná, un hallazgo que sorprendió a la comunidad científica y abre nuevos interrogantes sobre el comportamiento de estas especies.
En diálogo con Radio Mitre Santa Fe, el doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Conicet, Luis Lucifora, explicó que hasta ahora los antecedentes disponibles en otros países indicaban movimientos mucho más reducidos.
“En estudios realizados en Brasil y Colombia se habían registrado desplazamientos de apenas ocho kilómetros durante períodos de seguimiento de hasta un año. Encontrar una raya que recorrió 170 kilómetros cambia completamente nuestra visión sobre su comportamiento”, señaló.
El descubrimiento forma parte de un proyecto iniciado en 2024 para conocer mejor la biología y ecología de las rayas del Paraná. Según indicó Lucifora, aún no se sabe si este tipo de movimientos son habituales o si se trata de un caso excepcional, por lo que las investigaciones continuarán en los próximos años.
La información es clave para diseñar estrategias de conservación y manejo sustentable. Si estos desplazamientos son frecuentes, las acciones de protección deberán pensarse a una escala mucho más amplia que la considerada hasta ahora.
Actualmente, las rayas de agua dulce se encuentran dentro de las categorías de especies amenazadas, aunque todavía en un nivel que permite implementar medidas para evitar mayores riesgos. “La idea es promover un manejo responsable que permita conservar las poblaciones y, al mismo tiempo, sostener la actividad de quienes viven de la pesca”, explicó el investigador.
El aporte de los pescadores
Uno de los aspectos destacados del trabajo es la participación de pescadores de distintas provincias. El sistema utilizado consiste en la colocación de marcas identificatorias en las rayas, que permiten conocer el punto de captura inicial y el lugar donde son recapturadas.
Gracias a esta colaboración, los investigadores lograron marcar ejemplares en distintos puntos de la cuenca, desde Bella Vista, en Corrientes, hasta San Nicolás, en Buenos Aires.
Un río que todavía guarda misterios
Para Lucifora, el hallazgo demuestra que aún queda mucho por conocer sobre la biodiversidad del Paraná. “No sabíamos prácticamente nada sobre la ecología espacial de estas rayas y el primer dato que obtenemos ya resulta sorprendente. El río sigue guardando numerosos misterios”, afirmó.
Además, los estudios preliminares sobre la edad de estos animales revelan que algunas rayas podrían superar los 30 años de vida, una longevidad que refuerza la necesidad de proteger la especie y comprender mejor su dinámica poblacional.