Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Nacionales

Cómo vivieron la dictadura los artistas que aparecen en las "listas negras"

A los dos días del golpe, a Luis Brandoni lo echaron de Canal 9. “Y ahora poder ver esas listas no es poco”, aseguró a INFOnews. El doloroso recuerdo de Virginia Lago y Cipe Lincovsky de esos duros años.

Los nombres de artistas e intelectuales que durante los años de la dictadura figuraron en las listas negras, de a poco salen a la luz. En la página del Ministerio de Defensa se publicó este mediodía la nómina de actores y músicos que no podían ser contratados por el Estado ni por empresas privadas. Sobre ellos pesaba una fuerte censura que los obligó al exilio artístico y geográfico.

 

Luis Brandoni sabe que su nombre figura en ese listado desde el 26 de marzo de 1976, porque a los dos días del golpe “me echaron del canal”, recordó el actor en diálogo con INFOnews. Aunque fue una compañera quien le avisó que le habían rescindido el contrato: “Estábamos tomando con café con Marta González, entrábamos en la segunda página del libro que grabábamos, cuando ella tuvo el coraje para decírmelo” porque en el canal nadie dio ni la cara, ni explicaciones, ni opción de descargo. Y el personaje que por entonces Luis protagonizaba, repentinamente emprendió un viaje a Japón.

 

“Este listado es la confirmación de lo que uno sabía de tantos años. Ahora quiero hacer una copia y dejársela a mis nietos” para que sepan qué fue lo que pasó con su abuelo que por entonces trabajaba como Secretario General del gremio de la Asociación de Actores.

 

“Estuve cuatro años sin poder trabajar”, recordó Virginia Lago, en diálogo con INFOnews. Su nombre es otro de los tantos que integraron las listas negras, y a pesar de las amenazas transcurrió aquella época en un grupo independiente que se llamó Teatro Popular de la Ciudad. A nivel de producción teatral, Virginia recuerda aquellos tiempos como muy creativos “en medio de esa locura” de tanques, desaparecidos y persecuciones, que teñían con sangre la vida cotidiana.

 

“Grababa El Amor tiene cara de Mujer y un día no me dejaron entrar al canal” recuerda Virginia con dolor, al tiempo que define aquellos años como “épocas muy duras donde cualquiera estaba expuesto” mientras los jerarcas militares decidían entre la vida y la muerte de los artistas que para ellos tenían algún grado de “peligrosidad”. “Por eso no hay que olvidar, hay que tener memoria y seguir haciendo”.

 

Al enterarse que su nombre figuraba entre los cientos que integran esas listas, Virginia pensó que en algún momento esos documentos iban a aparecer. Y ese día llegó, fue el jueves pasado, cuando un grupo de empleados de maestranza buscaba en un sótano una habitación donde depositar los materiales de trabajo y se toparon con dos los 1500 biblioratos, un registro documental del proceso escrito por puño y letra de la Junta Militar.

 

El recuerdo de “Cipe”

 

Trabajó en películas como Caballos salvajes, El juguete Rabioso, La Tregua y Boquitas Pintadas. Que salgan a la luz las listas “son cosas que te golpean a esta altura de la vida”, aseguró Cipe Lincovsky a INFOnews, que con dificultad recordó aquellos años de exilio –cinco en total- y la imposibilidad de trabajar como actriz.

 

“Recibí amenazas por escrito. Me mandaron muchas a mi casa, al teatro. Al principio las guardaba y después me deshice de todo eso porque llegó un momento que te asustabas. Pusieron una bomba en el Teatro” recordó Cipe, para quien en esos días de miedo y persecución, la opción fue el exilio.

 

Cuando se conocieron algunos de los artistas que fueron censurados, pero todavía la lista oficial no había sido publicada, INFOnews habló con Víctor Heredia. “Cuando me enteré de las listas reviví todos esos años, que fueron angustiantes y difíciles. Pero hay que mirarlo desde acá y que un jefe militar haya entregado ese material marca una anuencia de las fuerzas a la democracia. Un cambio en el ideario de los militares, como el que yo me imaginaba en Soldaditos de Plomo”, recordó el músico apelando a su propia obra musical.

 

Que su nombre apareciera en el listado militar, no fue para Víctor ninguna novedad. En el `75, antes del golpe, ya había recibido amenazas de la Triple A, y después de marzo del `76 el peso de la censura cayó sobre él como las balas plomo. Así vivió durante siete años: bajo una prohibición efectiva de trabajar y producir, que lo obligó a vender muchas de las cosas que tenía en su casa para poder sobrevivir. Y todo ese dolor sin contar la desaparición de María Cristina, su hermana, que fue "chupada" en junio del `76 y asesinada junto a su marido.

 

“Los verdaderos perseguidos”

 

Una lista con más de 300 nombres de artistas, periodistas e intelectuales con "antecedentes ideológicos marxistas" fue identificada entre los archivos encontrados en el Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea. Entre los nombres figuran Norma Aleandro, Luis Brandoni, Norman Briski, Julio Cortázar, María Elena Walsh, Fernando "Pino" Solanas, Luis Brandoni, y Osvaldo Bayer entre muchos otros cuyo destino fue, mayoritariamente, el exilio.

Cuando me enteré de las listas tuve la sensación de que por fin se están diciendo quiénes son los verdaderos perseguidos” aseguró a INFOnews Osvaldo Bayer. “En octubre de 1975 salí en los diarios como un condenado a muerte”, recuerda. Eso lo obligó a refugiarse, a esconderse, para evitar ser fusilado.

 

Dos viejos amigos, anarquistas y españoles, que habían resistido la Guerra Civil, vieron la noticia en los periódicos y fueron a buscarlo hasta su casa. Lo subieron a un taxi y lo llevaron hasta el lugar donde vivía la pareja: una quinta en las afueras de Quilmes. Aunque Osvaldo nunca supo con precisión el domicilio donde vivió esas semanas, un código de época para reducir cualquier tipo de riesgo.

 

“Fueron épocas muy duras donde cualquiera estaba expuesto”

Bayer había sido condenado a muerte por escribir La Patagonia Rebelde, y por otro de sus libros: Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, que cuenta la historia de un anarquista fusilado por Uriburu. Eso lo obligaba a vivir escondido, clandestino. La pareja española que lo refugió se negaba a escuchar la radio o leer diarios, porque “no querían consumir productos de la burguesía”, recuerda Osvaldo, que igual caminaba hasta la estación de Quilmes para comprar el periódico. “Ellos escuchaban todo el día solfeos españoles, y yo pensé: `están matando a todo el mundo y yo escuchando solfeos´”. Fue entonces cuando decidió exiliarse en Alemania.

Te puede interesar

Teclas de acceso