Economía

Rolla rolla, desenrolla. Endeudamiento, desendeudamiento, endeudamiento…

Tenemos unas pocas opciones, bajamos gastos, rompemos el chanchito, es decir consumimos reservas con ahorros anteriores o pedimos un préstamo.
Cuando utilizando ahorros, estamos consumiendo reservas originadas en la postergación de consumos y cuando pedimos prestado estamos adelantando consumos que luego no podremos realizar.
En el país ocurre de manera similar, como el gasto publico viene creciendo en los últimos períodos de manera considerable y los ingresos del país no acompañaron el crecimiento del gasto, se debe recurrir al endeudamiento para solventar el déficit fiscal.
Con el gobierno anterior, Argentina vivió un período de desendeudamiento obligado por la falta de acuerdo con los acreedores externos llamados Holdout (o Fondos Buitres). Decimos desendeudamiento obligado, ya que no teníamos acceso al préstamo externo.
Con la nueva conducción del país, superado el conflicto con los “fondos buitres” se comienza nuevamente a tomar deuda. 
La pregunta que debemos hacernos es, ¿es malo endeudarse? La respuesta es que depende del destino que le demos a la deuda, si la misma es para ampliar la capacidad económica de nuestro país, seguramente es deuda bien tomada. Ningún país puede construir infraestructura, rutas, puentes, ferrocarriles, puertos, etc., con recursos propios. Lo mismo que las familias no pueden adquirir viviendas sin recurrir al crédito hipotecario.
Actualmente nuestro país tiene grandes limitaciones en logística, rutas que se inundan, ríos sin puertos, trenes parados, entre otras deficiencias. Pero, ¿se está tomando deuda para infraestructura? La lamentable respuesta es no, se está tomando deuda para cubrir gastos corrientes, sueldos, jubilaciones, pensiones, planes, etc.
Es como si financiamos la cuenta mensual de la despensa pagando en 12 cuotas, o si financio mis vacaciones anuales en 24 cuotas, cuando llegue el próximo año el momento de tomarme mis vacaciones, me encontraré debiendo la mitad de las del año pasado. Tarde o temprano me encontraré falto de financiamiento y hacia esa falta de financiamiento se encamina el país.
¿Entonces la solución sería dejar de tomar deuda? No, si plasmamos eso en estas líneas haríamos demagogia, ya que, si dijimos que estamos financiando el gasto corriente, dejar de tomar deuda equivaldría a no pagar sueldos, jubilaciones, etc.
Lo que se debe hacer es bajar fuertemente el déficit fiscal, y esa deberá ser la madre de las batallas del 2018. 
Para suavizar la critica que estamos haciendo hasta acá, le daremos la derecha al equipo económico en las batallas del 2016, ellas fueron la quita de retenciones a las exportaciones y la salida del cepo del dólar, el cual hoy flota libremente sin intervención.
En el 2017, la guerra se libra contra la inflación y si la política no le gana la pulseada al BCRA por ser un año electoral, seguramente se estarán cumpliendo las metas inflacionarias establecidas a comienzo de año, las cuales no deben superar el 17%.
En conclusión, sin no se adecúa el gasto al nivel de ingresos, seguiremos endeudándonos, incumpliendo, desendeudándonos y endeudándonos nuevamente. Rolla, rolla, desenrolla…

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