Esta semana se realizó la exposición del presupuesto en el Congreso por el ministro de economía Martin Guzmán, una ley que posee más de 5.000 páginas, y que debería ser la ley de leyes, ya que es el punto de partida de la gestión del gobierno. Sin embargo nos encontramos que la misma es solo una desilusionante pantomima, aunque esperable de un ministro que nos dice públicamente que “él también puede sarasear” (sic).
Para no perder tiempo en este tema solo les contamos que el mismo prevé una inflación para el 2022 del 33%, siendo que cerraremos el 2021 por arriba del 50% y sin plantear medidas para paliar la situación más allá del fallido intento de precios cuidados.El sistema de Precios Cuidados no sirve para controlar la inflación, ya que es sobre algunos productos y el fenómeno inflacionario por definición es, la suba sostenida y generalizada de todos los precios de una economía. Los acuerdos de precios y salarios, para que funcionen, tienen que venir dentro de un plan económico global y no con esfuerzos individuales que perjudican algunos sectores y benefician a otros. El problema radica en la forma de financiar el las cuentas públicas y la imposibilidad de reducir el actual déficit. Si la fuente de financiamiento del abultado gasto del Estado, sigue siendo la espuria emisión monetaria, con el presupuesto preparado por Guzmán, inflación y tipo de cambio, para no atrasarse, seguirán creciendo.Para cortar con la inflación necesitamos bajar el déficit y para bajar el déficit debemos reducir el gasto, esto es ajuste. De no ocurrir esto, seguiremos con inflación. Además si consideramos que casi el 80% del gasto, es gasto social, realmente estamos en un problema. Pero si agregamos que estas políticas nos llevaron a un 50% de la población bajo la línea de pobreza, debemos darnos cuenta que el camino debe ser otro, aun cuando reconozcamos lo difícil y doloroso del camino angosto de realizar las cosas bien.Cada anotación del gasto de un presupuesto debe tener su origen en una partida de ingreso, de manera de poder financiar ese gasto. ¿Pero que ocurre si un gasto no está previsto? Como por ejemplo un bono de fin de año otorgado discrecionalmente y con un monto sin un cálculo razonable. Por ejemplo el bono de fin de año que se otorga a jubilados de $8.000. ¿Porque no de $80.000 o de $800? Nadie explica la racionabilidad del monto, pero tampoco el origen del recurso del gasto. En un contexto de déficit fiscal, donde los ingresos no alcanzan a cubrir los gastos, un bono que se otorgar sin explicar el origen de los fondos, será financiado con emisión monetaria, la cual, al no estar respaldada, se vuelve en suba de precios. Esta inflación afecta al mismo sector que lo recibe, perdiendo poder adquisitivo. Este perverso mecanismo, donde te doy dinero y luego este pierde valor por mi propia acción, es una muestra del populismo en que estamos inmersos.Terminamos con cantito con el ritmo de la pegadiza canción de Damas Gratis, “Mi perrito malvado”: Mi ministro malvado, no me mientas así, siempre de la correa, del FMI.
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