Una nueva etapa en la renegociación de la abultada
deuda heredada de la gestión de Mauricio Macri comienza esta semana. El
ministro de Economía, Martín Guzmán, viajó a Nueva York para reunirse
con lobbistas financieros, funcionarios del Tesoro de EEUU y directivos
del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Congreso, mientras tanto,
comenzará a tratar el proyecto de ley de restauración de la
sostenibilidad de la deuda pública que envió el gobierno.
En
Nueva York, el titular del Palacio de Hacienda desarrollará una intensa
agenda, que se extenderá hasta mañana a la tarde. La misión es
transmitir la voluntad de pago de la Nación ante el inminente inicio del
proceso de reestructuración de deuda, entre otras cuestiones. También
buscará persuadir a los acreedores de la provincia de Buenos Aires de
aceptar la prórroga del vencimiento de una cuota de capital que tenía su
primera fecha de pago en el día de ayer.
La
primera actividad de Guzmán en Nueva York será participar de un desayuno
de trabajo organizado por el Consejo de las Américas. Allí, ante un
auditorio compuesto por hombres de negocios y tenedores de deuda,
hablará sobre macroeconomía y deuda. Por la tarde, se encontrará con
funcionarios del Tesoro de EEUU. El martes, antes de su regreso a la
Argentina, tendrá una reunión con el jefe de misión para la Argentina
del FMI, Luis Cubeddu, y la economista estadounidense Julie Kozak.
Los
roces por la deuda de la provincia de Buenos Aires, las propias
advertencias de Guzmán al presentar el proyecto de ley de renegociación,
y las declaraciones de su mentor, el premio Nobel Joseph Stiglitz,
acerca de la inevitabilidad de fuertes quitas a los bonistas, muestran
la cara más agresiva del Ministerio de Economía en la pulseada con los
acreedores. Queda por ver si es una estrategia negociadora o el plan
definitivo.
El diputado nacional Carlos Heller,
del Frente de Todos, prevé una negociación "muy firme y muy responsable"
en el marco de "un proceso complejo" y una "situación muy seria, no
sólo por la magnitud de la deuda sino por la inviabilidad del cronograma
de vencimientos".
Mauricio Macri tomó deuda por
más de u$s 100 mil millones durante su mandato, que fue destinada casi
en su totalidad a asistir con dólares más baratos la demanda para
atesoramiento y fuga. En ese proceso embarcó a las provincias, que
tomaron u$s 20 mil millones.
Buenos Aires,
gobernada por María Eugenia Vidal, fue el distrito que encabezó ese raid
Su deuda pasó de u$s 9 mil millones a u$s 12 mil millones pero además
su componente en dólares saltó del 57 por ciento a más del 80 por ciento
del total. Mientras su administración enfrentó vencimientos por u$s 4
mil millones en cuatro años, le dejó a la gestión de Axel Kicillof
vencimientos por u$s 8 mil millones. Este año vencen u$s 3 mil millones.
Por
eso la estrategia de negociación es combinada por Nación y provincias.
En ese plan, el principal distrito del país planteó la reprogramación de
su vencimiento por u$s 250 millones. Buenos Aires estuvo a punto de
entrar en default en noviembre pasado. El salto a la Nación del entonces
ministro de Hacienda Hernán Lacunza fue una tabla de salvación. El ex
funcionario giró fondos nacionales para postergar el default y dejarle
la bomba al nuevo gobierno.
Lacunza fue también el
que defaulteó y reperfiló la deuda en pesos asumida por Macri, un caso
inédito. La crisis de endeudamiento provocada por el macrismo fue
admitida el fin de semana por el propio ex presidente, en un video en el
que relata a un grupo de allegados que le había advertido al equipo
económico que "nos vamos a la mierda" si se mantenía el ritmo de
endeudamiento.
En rigor, sólo el histórico acuerdo
de crédito con el FMI por más de u$s 50 mil millones evitó la
formalización de la cesación de pagos en 2018, cuando el mercado
internacional le cerró el grifo a Macri. Entre compromisos con bonistas y
el organismo multilateral, el nuevo gobierno debe afrontar u$s 140 mil
millones en vencimientos durante los próximos cuatro años, una misión
imposible. Por eso, se abrió un inevitable proceso de negociación.