Un país en formación y la obsesión por las aulas
A mediados del siglo XIX, la Argentina atravesaba tiempos tempestuosos de organización nacional, tensiones políticas y escasos recursos económicos. En ese escenario, Domingo Faustino Sarmiento situó a la educación como el pilar insustituible para el progreso, el fortalecimiento republicano y el desarrollo social. Nacido en San Juan el 15 de febrero de 1811, su vocación autodidacta y su convicción por la enseñanza lo llevaron a sostener que el acceso al conocimiento debía ser universal.
Durante su presidencia, entre 1868 y 1874, las políticas públicas en materia de instrucción experimentaron un salto cuantitativo y cualitativo. A través de iniciativas como la Ley de Subvenciones, el Estado financió la creación de más de 800 escuelas, lo que permitió expandir la matrícula escolar de 30.000 a 110.000 alumnos en todo el territorio nacional. Su gestión también promovió la llegada de educadoras desde Estados Unidos para formar a los docentes locales, la creación de las Escuelas Normales y la fundación de instituciones destinadas al fomento de la lectura, como la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares y la Biblioteca Nacional de Maestros.
El camino hacia la legislación y el reconocimiento continental
Años más tarde, tras dejar la primera magistratura, Sarmiento continuó impulsando la causa educativa. Como presidente del Consejo Nacional de Educación, fue uno de los articuladores del Congreso Pedagógico de 1882 y de la posterior promulgación de la Ley 1420 en 1884, normativa que estableció la enseñanza primaria universal, obligatoria, gratuita y laica en la Argentina.
El 11 de septiembre de 1888, Sarmiento falleció en Asunción, Paraguay. Décadas después, en 1943, la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, llevada a cabo en Panamá, propuso instituir el 11 de septiembre como un homenaje a su figura y a la labor docente en todo el continente. El gobierno argentino oficializó la fecha mediante decreto en 1945, consolidando la jornada como una instancia anual para poner en valor la profesión docente y el rol de las aulas en la construcción democrática.