La presencia masiva de aves en el microcentro de Rafaela continúa siendo una de las principales preocupaciones ambientales de la ciudad. Según un relevamiento realizado por el municipio, unas 50.000 aves se concentran en apenas cinco cuadras del centro, una situación que genera inconvenientes vinculados a la higiene urbana, el deterioro del arbolado y la convivencia cotidiana de vecinos y comerciantes.
En una entrevista brindada al noticiero Rafaela Noticias TV, el subsecretario de Servicios Públicos y Ambiente, Juan Pablo Aversa, explicó que el fenómeno debe analizarse desde una mirada integral y no únicamente desde lo que ocurre en el centro de la ciudad.
“Hay que interpretar la problemática desde un sistema mucho más complejo, con la degradación del periurbano, las cortinas forestales y el avance de la frontera agrícola”, señaló. En ese sentido, explicó que muchas de estas aves encuentran en el arbolado urbano condiciones similares a las de su hábitat original, sumado al denominado fenómeno de “isla de calor”, que les ofrece un ambiente más confortable para pasar la noche.
Aversa indicó que las aves no permanecen durante el día en el microcentro. Según explicó, salen hacia sectores periurbanos para alimentarse y regresan al atardecer para descansar en los árboles ubicados principalmente sobre los bulevares Santa Fe e Hipólito Yrigoyen y calles aledañas.
“En el microcentro van a dormitar, son los árboles percha. Cuando llegan, largan sus heces y después quedan durmiendo. Por eso no las vemos durante el día y sí en determinados horarios”, detalló.
Una problemática sin soluciones definitivas
Consultado sobre las distintas estrategias implementadas durante los últimos años, el funcionario reconoció que no existe una solución definitiva probada a nivel mundial.
“A ciencia cierta no hay nada probado o testeado que funcione y permita erradicar esta problemática”, afirmó.
Explicó además que en Rafaela predominan especialmente los estorninos y las palomas domésticas, aunque también se registran cotorras y golondrinas en determinadas épocas del año.
Frente a este escenario, el municipio elaboró un programa específico con acciones de corto, mediano y largo plazo. Entre las medidas inmediatas se encuentran la limpieza intensiva de veredas, el relevamiento constante de especies, la colocación de redes en árboles y la utilización de sistemas láser para desalentar la permanencia de las aves en determinados sectores.
Aversa destacó que el plan se fue construyendo mediante pruebas concretas.
“Fue un poco a prueba y error, porque no hay nada probado. Somos casi pioneros y muchos municipios nos están consultando sobre lo que venimos haciendo”, sostuvo.
Según explicó, antes de avanzar con inversiones de mayor escala, se evaluó durante varios meses la efectividad de las redes y los láseres. “Las probamos, vimos qué pasaba y, cuando funcionaron, comenzamos a replicarlas”, señaló.
Anticonceptivos y renovación del arbolado
En relación con experiencias aplicadas en otras ciudades y países, el funcionario confirmó que el municipio analiza la utilización de nicarbazina, un anticonceptivo utilizado para reducir la reproducción de las aves.
“España tiene un caso de éxito con la implantación de un anticonceptivo para bajar la curva poblacional”, indicó.
No obstante, aclaró que esta herramienta formaría parte de una estrategia de mediano plazo y que debe complementarse con otras acciones ya en marcha.
Además, explicó que el municipio avanza en la renovación gradual de especies arbóreas exóticas por otras más autóctonas, buscando modificar las condiciones que hoy favorecen la concentración de aves en el microcentro.
Una política pública de largo plazo
Aversa remarcó que la problemática no podrá resolverse en pocos años y que será necesario sostener políticas públicas durante varias gestiones.
“No vamos a encontrar una solución rápida. Esto no es una solución que en dos o cuatro años podamos resolver”, afirmó.
Por ello, consideró fundamental que el tema sea abordado de manera conjunta entre el Estado, el sector privado, instituciones y futuros gobiernos.
“Es importante que se establezca una política pública sostenida en el tiempo y que los gobiernos que vengan la tomen como una problemática real del vecino”, expresó.
Finalmente, al ser consultado sobre los costos de las redes de exclusión, señaló que un rollo permite cubrir entre siete y ocho árboles y tiene un valor aproximado de 7,5 millones de pesos.
“Es una batalla compleja. Todo lo que se está haciendo está dentro de lo que permiten las normativas vigentes. Habría que modificar algunas normas y algunas leyes para actuar con más determinación”, concluyó.