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La historia del bombero voluntario rafaelino que se salvó de milagro y nunca pensó en dejar el uniforme

En el marco del Día del Bombero Voluntario, Marcos Pron recordó el incendio de Bella Italia que casi le cuesta la vida. Sufrió quemaduras en el 20% de su cuerpo, atravesó una dura recuperación y nunca pensó en abandonar el servicio.
Redacción Rafaela Noticias

Por Redacción Rafaela Noticias

Cada 2 de junio, el Día del Bombero Voluntario invita a reconocer el trabajo silencioso de quienes dedican parte de su vida al servicio de los demás. Pero detrás de cada uniforme también hay historias de sacrificio, miedo, recuperación y una vocación que desafía cualquier obstáculo.

Una de ellas es la de Marcos Pron, bombero voluntario de Rafaela, quien en agosto de 2020 estuvo al borde de la muerte mientras combatía un feroz incendio rural en la zona de Bella Italia. Las llamas le provocaron quemaduras en casi el 20% de su cuerpo y lo obligaron a atravesar meses de internación, tratamientos y rehabilitación. Sin embargo, nunca puso en duda su continuidad dentro de la institución.

"Seguir iba a seguir. Nunca estuvo en discusión", afirmó durante una entrevista realizada en el marco de la conmemoración del Día del Bombero Voluntario.

Una vocación que nació en la infancia

Pron ingresó al cuartel cuando tenía apenas 12 años. No provenía de una familia de bomberos, pero desde pequeño quedó fascinado por el paso de las autobombas y el trabajo de quienes respondían a las emergencias.

"Vivo muy cerca de Bomberos Zapadores y, como a todo chico, me llamaba la atención cuando pasaban los camiones con la sirena. Eso me encendió una chispa", recordó.

Aquella curiosidad infantil terminó convirtiéndose en una forma de vida. Comenzó como cadete, realizó la formación correspondiente y hoy se desempeña como suboficial, además de coordinar la Escuela de Cadetes del cuartel rafaelino.

El incendio que cambió todo

El episodio que marcó su vida ocurrió en agosto de 2020. Aquella jornada había comenzado con otro incendio en la localidad de Aurelia. Luego de regresar al cuartel para reacondicionar los equipos, una nueva emergencia movilizó a la dotación.

Un incendio iniciado en la zona de Felicia avanzaba rápidamente hacia campos de Bella Italia y requería apoyo de otras localidades. Cuando llegaron al lugar, el escenario era complejo: vegetación seca, fuertes ráfagas de viento y un fuego que avanzaba sin control.

"Desde el primer momento nos dimos cuenta de que no era algo sencillo. Había llamas de más de un metro y medio y las teníamos prácticamente al lado de la camioneta", relató.

Pron se encontraba conduciendo una de las unidades de ataque rápido cuando el comportamiento del incendio cambió repentinamente. El fuego generó su propio microclima y modificó la dirección del viento, encerrando a los bomberos entre dos cunetas de un camino rural.

"Quedamos atrapados. Ahí aplicamos los protocolos y tratamos de evacuar la zona como se pudiera", recordó.

El momento más crítico llegó cuando debió abandonar la camioneta en medio de las llamas. "Analizás millones de posibilidades en segundos. Si me quedaba tenía combustible, herramientas y elementos inflamables alrededor. Si salía corría el riesgo de quemarme. Todo eso pasa por tu cabeza en dos o tres segundos", contó.

La decisión de evacuar le salvó la vida, pero no evitó las graves quemaduras que sufrió durante el incidente.

La recuperación más difícil

Tras el accidente comenzó una larga etapa de internación y tratamientos médicos. "Dura. Muy dura. Más allá de mí, para mi familia", describió.

Las curaciones implicaban retirar tejido dañado para permitir la regeneración de la piel. El dolor físico era intenso, pero asegura que el impacto emocional fue aún mayor para sus seres queridos. "El que peor la pasa siempre es el familiar. Uno sufre el dolor, pero ellos no saben cómo va a salir todo", reflexionó.

Pasaron varios meses antes de que pudiera volver a intervenir en incendios. Recién entre marzo y mayo del año siguiente regresó a las emergencias.

Si bien nunca pensó en abandonar el cuartel, reconoce que el verdadero desafío fue superar el temor de volver a enfrentarse al fuego. "Lo difícil era el miedo. Volver al siniestro", explicó.

Durante ese proceso recibió acompañamiento psicológico por parte de la Federación de Bomberos Voluntarios, una asistencia que también alcanzó a sus compañeros."No solamente era lo que me había pasado a mí. Había casi 30 bomberos que también necesitaban contención porque habían vivido la situación", señaló.

El apoyo del grupo resultó fundamental. Aunque la pandemia limitó las visitas durante la internación, los mensajes y el acompañamiento estuvieron presentes desde el primer día. "Siempre estuvieron. Siempre acompañando y poniéndose a disposición", recordó.

Una marca que queda para siempre

Hoy, a casi seis años de aquel incendio, las secuelas físicas persisten. La piel continúa siendo más sensible al frío y al calor extremo. Sin embargo, asegura que el episodio no modificó sus proyectos ni sus actividades cotidianas.

"Trabajo igual, estudio igual y voy a los bomberos igual", afirmó. Lo que sí cambió fue su manera de ver la vida. "Después de eso uno encuentra otra forma de analizar las situaciones", sostuvo.

Sobre las cicatrices que lleva en su cuerpo, eligió una definición que resume su experiencia. "Es una marca de guerra. No es que vayamos a una guerra, pero es una marca que queda".

Marcos Pron - La historia del bombero rafaelino que se salvó de milagro
Formar a quienes vienen detrás

Actualmente Marcos continúa desempeñándose como chofer de unidades de emergencia y coordina la Escuela de Cadetes, donde se forman 12 jóvenes de entre 12 y 17 años. Desde ese lugar busca transmitir la misma pasión que lo llevó a ingresar al cuartel cuando era un niño.

A quienes estén pensando en sumarse, les deja un mensaje simple pero contundente: "Que se animen. Es una linda vocación de servicio y no hay satisfacción más grande que poder ayudar a los demás".

A seis años de haber sobrevivido a uno de los momentos más difíciles de su vida, Marcos Pron sigue respondiendo cada vez que suena la alarma. Con las cicatrices visibles e invisibles que dejó aquella jornada en Bella Italia, continúa demostrando que la vocación puede ser más fuerte que el miedo.

 

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