Pese a no contar con los votos necesarios para obtener la aprobación al proyecto de actualización de la Unidad de Cuenta Municipal por un 40,93% a partir de septiembre, el oficialismo municipal propondría un tratamiento sobre tablas de esa iniciativa en la sesión ordinaria de este jueves. El uso del potencial no es casual: los canales de contacto y las negociaciones no terminan hasta que efectivamente terminan y eso puede suceder incluso durante el desarrollo mismo de la sesión.
A la hora de subirse esta nota a las plataformas de RAFAELA NOTICIAS, ni el bloque justicialista ni el de LaLibertad Avanza -seis votos cruciales para definir la balanza- habían dado opciones de negociación. Juan Senn, jefe de la bancada principal de la oposición, fue claro en BIEN DESPIERTOS al anticipar lo que luego le diría a los funcionarios del gabinete: no acompañamiento a un aumento, cualquiera fuera su valor.
La intransigencia de los ediles del peronismo -que ya plancharon la UCM con un congelamiento inédito de los valores de los tributos locales- se apalanca en los votos por la negativa que le suman los dos ediles de LLA. En el oficialismo se quejan cada vez en voz más alta de los fines supuestamente inconfesables de la oposición: ahogar financieramente al Ejecutivo para quitarle cualquier margen de maniobra. El PJ responde: gobiernan mal y nos pasan la pelota a nosotros. Sordos ruidos. O diálogo de sordos.
Puentes en llamas
Todo indica que el intendente Leonardo Viotti intentó repetir una estrategia que utilizaron con éxito los intendentes justicialistas en los 32 años anteriores: pedir A para que la oposicion proponga B y se acuerde en C, siendo que C era el número que le servía al Ejecutivo. Por eso el 40,93% sonó exagerado pero no tanto: "pide 40 de una sola vez para cerrar en 20 y en dos veces". Por ahí rondaba la lógica de las suposiciones. Pero con un bloque de concejales del PJ que se autogobierna y un bloque de LLA atado al dogma mileísta de no permitirle a municipios y provincias aumentar impuestos (aunque en la Nación no se prive de algunos pasos en contrario), esa estrategia falló.
Hay una realidad insoslayable: el contribuyente está con el agua al cuello. No en Rafaela solamente: en el país, y en Rafaela también. Ningún incremento y ninguna explicación, desde la frialdad de los números o el calor del discurso convencido cambiará la percepción que tienen los contribuyentes, ni hará menos antipático un aumento de tributos locales.
Dicho esto, hay también una realidad que exige a los dirigentes locales una dosis de responsabilidad muy importante. Poner en riesgo la solidez financiera del municipio y quemar los puentes de diálogo necesarios para garantizar la gobernabilidad puede transformarse en un boomerang cuya trayectoria no termine en 2026 sino a fines del 2027.
Está claro que cada uno expone sus números y sus razones. Y todos tienen algo de verdad en lo que dicen. Pero si diálogo se transforma en un intercambio de cañonazos de orilla a orilla, la que perderá será Rafaela.
Todo indica que la fiesta de los Odesur será un momento de tregua política que se terminará cuando se agote el calendario deportivo. Quedará luego afrontar un escenario de crecientes dificultades para la ciudad y un desafío superior, el que plantean los pronósticos de un "Súper Niño" que amenaza con consecuencias graves para la producción y para la normalidad de la vida cotidiana en las ciudades y pueblos.
Pensar con mirada larga es una obligación que le cabe a todos, con las responsabilidades de cada uno. Estén a la altura.