Si las fechas encierran algún simbolismo, el de este 24 de octubre, día del Santo Patrono de la ciudad de Rafaela, estará fundamentalmente relacionado con algunos hechos que constituirán simples anécdotas en el largo devenir histórico de la comunidad. La celebración de los hermanamientos con Sigmaringendorf, Fossano y Carcabuey, como tributo a la memoria de personajes y corrientes migratorias que pusieron los mojones del poblamiento de estas tierras; así como la inauguración de las remodelaciones en la Plaza 25 de Mayo y el microcentro serán los ejes de la recordación. Anécdotas, bellas anécdotas, casi excusas para un festejo que se percibe módico.
La fecha, sin embargo, debe convocar a los rafaelinos a otras reflexiones. Cuando se apaguen los ecos de este octubre, noviembre durará lo que tarde en llegar diciembre, el mes de la Navidad, las despedidas de año, los balances y el cierre del 2026. “Los días pasan volando”, dice el lugar común. Y con el despunte del 2027, las elecciones. Porque ahí nomás, en pleno verano, se definirán los candidatos que se vienen perfilando.
Los representantes que vienen
En ese proceso que está a la vuelta de la esquina Rafaela elegirá nuevo intendente; la provincia hará lo propio con el gobernador y el país cambiará –o no- presidente. Se renovarán los poderes legislativos y el aire se llenará de propuestas. Ponele, dirían los chicos de ahora. La esperanza, al cabo, es lo último que se pierde.
Lo que deben saber los rafaelinos es que el próximo intendente no será uno más. Le tocará gobernar con un desafío que excede al que tuvieron los depositarios de los últimos mandatos populares: será el líder de una ciudad que caminará hacia la celebración de sus 150 años de vida. Con todo derecho el lector planteará la pregunta del millón: sí, será el intendente que aparezca en todos los documentos y testimonios de los fastos del sesquicentenario…¿y?
Romper la inercia del estancamiento
¿Y? Buena pregunta para los candidatos que pintan para el 2027. Intendente y concejales, va de suyo. Desde hace bastante tiempo, por causas que sería largo debatir, Rafaela entró en una peligrosa meseta de estancamiento. Al orgullo del rafaelino no le gustará la contundencia del diagnóstico, pero la primera virtud de las comunidades que progresan debe ser la de reconocer sus dificultades.
Hay muchas señales de ese estancamiento. La crisis de representatividad no es patrimonio exclusivo de los rafaelinos, por supuesto. Pero en el caso de la ciudad se percibe en un declive en la calidad y fortaleza de sus instituciones. Se podría caer en la tentación de los calificativos e incluso en la claridad de los ejemplos y las comparaciones con los tiempos idos, pero haciendo un ejercicio de abstracción corresponde ser más justos: los climas de época del siglo XXI no son los mismos de los principios de la colonia; ni los que vivieron los forjadores de la marca registrada llamada Rafaela.
Ser rafaelino
Por eso más que juzgar las carencias del presente corresponde advertir hacia el futuro. Ese futuro que comienza ahora, en este momento en que la cuenta regresiva del tiempo se pone en marcha para los próximos cinco años, preparando a la Rafaela de los 150 años.
La ciudad debe definir muchas cosas. Y debe hacerlo con sus dirigentes a la cabeza. Dirigentes políticos, empresarios, del sector trabajador, de la producción, de los referentes educativos, de los clubes, de las organizaciones no gubernamentales, de los ambientalistas, de los líderes religiosos, de los colegios profesionales, de las asociaciones civiles en general.
Existe un sentido de pertenencia de los rafaelinos que no se perdió. Al menos, no del todo. Una señal identificatoria que define al “ser rafaelino”, y que tiene que ver con la cultura del trabajo, de la innovación, del progreso, de la movilidad social ascendente. Claro, si se miran las noticias de todos los días cualquier observador razonable podrá decir que queda muy poco de todo eso. Pues bien, nunca es tarde para volver a empezar. Y este 24 de octubre, cuenta regresiva a la Rafaela de los 150 años, podría ser un buen punto de partida.
La mirada larga
Definir el rol del Estado municipal. Reperfilar la educación como herramienta y camino de transformación social. Pero no de "boquilla", sino con acciones, PRE-SU-PUES-TO y mirada local. Reorganizar el transporte público, pensando y ejecutando medidas no convencionales. Atacar las raíces del negocio narco, empezando por la salud mental de las personas más vulnerables y siendo duros e inflexibles con los que están en la crema del negocio, los que lavan el dinero y se llenan de oro usando a pibitos adolescentes como “soldaditos”. Abordar la problemática de la vivienda también con medidas drásticas donde sea necesario, respetando siempre el derecho a la propiedad privada, pero castigando la especulación desmedida. El tránsito, las obras, las prioridades de la inversión pública, y la lista sigue, casi interminable.
Para todos esos temas hacen falta acuerdos de largo plazo. Planificación. Miradas estratégicas. Convicciones. Liderazgos. Diálogo sin dogmas. Convicciones sin dobleces. Ahí están los 145 años de historia para repasar lo que hizo trascender a Rafaela en tantos órdenes. Es la hora de trazar las sendas para tomar distancia de la mediocridad cortoplacista y sectaria que nos amenaza y nos paraliza.
En el día que brindamos por la ciudad, tengamos también el coraje de empezar a llamar a las cosas por su nombre y proyectarnos hacia esa Rafaela de los 150 años que quiere, necesita y exige darse respuestas del siglo XXI para sus necesidades de este tiempo.
¡Salud, Rafaela!