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Opinión

Esperas paralelas

Otros de los impactantes cuentos, del escritor rafaelino Héctor Puig. No te lo pierdas

Escritorio ocre, limpieza pulcra. Hospital sin alma que comparte días, muertes y sueños. Canto de pájaros sin plumas, vientos tufosos y disparatados. Entre pacientes y cataplasmas el Sol dormía en el horizonte. Anestesia, partos y hemorragias. La vida lo había colmado de premios y soledades. Los serafines musicales ya no lo protegían, sus manos firmes y delicadas imitaban las de aquel director del concierto donde conoció a Cicita y la amó desde entonces. Un pálido grito aquietó los pensamientos y los rumores chispeantes sobre la arboleda. El hospital, un silencio cavado en la soledad de la llanura. Sobre sus pacientes deambulan miedos, miserias, necesidad e ignorancia. Sobrevuelan arrepentimientos. Espíritus flotantes viven en imposibles sueños de regreso. Hay un amor que es espejo en los ojos y es Cicita que está y lo recorre.

 

 

- La ciudad traga. Se lo dijo una vez.

 

 

- Protégete con la música.

 

El bisturí se incrusta en un abdomen inflamado y es un dolor más erradicado al mundo del olvido. Tan sólo rutina. Sonrisas eternas, única recompensa. Cicita en el recuerdo. Una angina reincidente que no abandona. Los citadinos sí que saben vivir. La vorágine de los días les confunde los orígenes como confundió a ella y a sus recuerdos.

 

 

Tan solo noches sin luna. Sin cuerpos.

 

 

Los malvones crecen tras agosto y la blancura de su casa que se renueva, la expresión de gratitud de su pueblo.

Quizás Cicita aún exista. Seguramente será Elsa, rubia, deseada, feliz y exitosa. Tal vez su origen pueblerino manche su currículum.

 

 

- La ciudad traga.

 

 

- ¿Si tan solo la hubieras seguido?

 

 

- No. Ella prefirió la ciudad mareada de ruidos.

 

 

- Y vos un pueblo vacío de amor.

 

 

- No, una promesa póstuma: " quédate y alivia los males que hoy no podemos pagar”.

 

 

- Ella nunca lo supo.

 

 

Damián llegó al hospital. Los recuerdos, una vez más impidieron un profundo dormitar. Cicita saltarina navegaba desde temprano por los fríos campos. La desidia recorría venas, arterias y se metía en los huesos, llamándola a gritos como cuando tomó aquel tren.

 

 

- ¿Se acordará de mí?

 

 

- Los que huyen añoran el pasado.

 

 

- Los que nos enterramos en sangre caliente navegamos sin rumbo en las aguas del no supe

 

 

-¿Quién es Cicita?

 

 

- ¿Será Elsa?

 

Las vidas se unían por un duro camino que comunicaba al futuro. Futuro que quedó en el andén del pasado, sin que nadie advirtiera que nunca más sería presente.

 

 

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