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Opinión

Fui a contar el sueño de tantos deportistas y terminé viviendo el mío

Entre cámaras, entrevistas, mates y emociones, viví los Juegos Suramericanos como periodista de Rafaela Noticias. Fui a contar grandes historias y terminé siendo parte de una que llevaré para siempre en el corazón.
Verena Guglielmone

Por Verena Guglielmone

Hay experiencias que, incluso antes de que terminen, uno sabe que va a extrañar. Los Juegos Suramericanos fueron una de ellas. Hoy, después de haber vivido su cobertura desde distintos lugares, me encuentro con una mezcla de orgullo, emoción y nostalgia. Porque, aunque para muchos los Juegos hayan sido una sucesión de competencias, medallas y resultados, para quienes tuvimos la posibilidad de contarlos fueron mucho más que eso.

Durante la primera semana, mi lugar estuvo principalmente en la redacción y las redes sociales de Rafaela Noticias. Desde allí, trabajé para llevar a la comunidad cada novedad de una competencia que tenía a Santa Fe como protagonista y que también se vivía con especial entusiasmo en nuestra ciudad.

Gimnasta Emilia Acosta, padelistas María Belén Mosca y Victoria Vilchez.
Gimnasta Emilia Acosta, padelistas María Belén Mosca y Victoria Vilchez.

La segunda semana tuve la oportunidad de salir al encuentro de los protagonistas. Cubrí el ciclismo de pista en el velódromo y el pádel en el microestadio. Filmé, realicé entrevistas y pude conversar con los jugadores, acercándome a sus historias y a todo lo que hay detrás de cada competencia.

Uno de esos momentos fue el intercambio con Gladys Rinaudo, referente histórica del pádel y bicampeona mundial. Poder escucharla, conversar con ella y compartir ese espacio fue una de esas oportunidades que hacen que el trabajo periodístico tenga un valor especial.

Porque cubrir un evento deportivo no es solamente registrar lo que sucede dentro de una cancha o frente a un cronómetro. También es descubrir las historias que muchas veces quedan detrás de un resultado.

Y si algo me dejaron estos Juegos fue justamente eso: la certeza de que detrás de cada deportista hay un mundo.

Ciclista Natalia Vera, padelistas Santino Contreras e Ignacio Piotto. Gladys Rinaudo, referente histórica del pádel argentino y bicampeona mundial.
Ciclista Natalia Vera, padelistas Santino Contreras e Ignacio Piotto. Gladys Rinaudo, referente histórica del pádel argentino y bicampeona mundial.
El esfuerzo que no siempre se ve

Lo que más me impactó fue conocer, aunque fuera por unos minutos, la realidad de quienes compiten. Deportistas que estudian, trabajan y, además, entrenan y se preparan para representar a sus países. Personas que organizan sus días, resignan tiempo de descanso y sostienen una disciplina que muchas veces no se ve desde afuera.

Detrás de cada presentación hay horas de entrenamiento, sacrificios, familias que acompañan, amistades que alientan y sueños que se persiguen durante años. Hay esfuerzo, constancia y una enorme capacidad para seguir adelante, incluso cuando el camino se vuelve difícil.

Como periodista, poder mostrar esas historias fue una de las partes más lindas de la cobertura. Darles un espacio frente a la cámara, permitir que contaran lo que estaban viviendo y acercarlos a la gente fue, para mí, una forma de reconocer todo ese trabajo.

Me gustó pensar que, a través de una entrevista o de un video en las redes sociales, alguien podía conocer a un deportista, interesarse por su disciplina, empezar a seguirlo o, simplemente, descubrir una historia que merecía ser contada.

Colegas, Mayra Aguilar, Carina Ortíz, Ezequiel Torres. Voluntario Tomás Otaño.
Colegas, Mayra Aguilar, Carina Ortíz, Ezequiel Torres. Voluntario Tomás Otaño.

Que la gente los reconociera, los saludara, quisiera sacarse una foto con ellos o se acercara a conocerlos también formó parte de la experiencia. Porque el deporte tiene esa capacidad de acercarnos a personas que, hasta hace unos días, quizás eran desconocidas para muchos.

Una hinchada que nos hizo sentir parte

Si el esfuerzo de los deportistas me impactó, el acompañamiento del público me emocionó profundamente.

La convocatoria, el entusiasmo de las familias, la ilusión de los chicos y las ganas de ser parte de los Juegos se hicieron sentir en cada escenario. Había grandes y chicos que querían vivir esa experiencia, conocer a los atletas, alentar y llevarse un recuerdo.

Y estaba Capi, la mascota de los Juegos, que despertaba sonrisas y entusiasmo, especialmente entre los más pequeños. Ver esa ilusión en los chicos también fue parte de la magia de esos días.

Pero hubo algo que me atravesó de una manera especial: sentirnos argentinos.

Capi. Colegas Lucía Nagel y Hugo Michlig.
Capi. Colegas Lucía Nagel y Hugo Michlig.

Ver a la hinchada acompañar a nuestros deportistas, escuchar los gritos de aliento y compartir esa emoción colectiva fue una experiencia difícil de explicar. Por momentos, la competencia pasaba a un segundo plano y lo que importaba era estar ahí, ser parte de algo que nos unía.

También me quedo con el respeto. El respeto entre los deportistas, más allá de la bandera que representaban, y el de los hinchas hacia cada competidor, fuera argentino o extranjero. En tiempos en los que tantas veces las diferencias parecen separarnos, ver a personas de distintos países compartir una misma pasión, reconocerse y acompañarse fue una de las imágenes más valiosas que me llevo.

Hubo momentos en los que me emocioné de verdad. Momentos en los que mis ojos se llenaron de lágrimas porque era consciente de lo que estaba viviendo. No solamente estaba trabajando: estaba siendo testigo de algo que me hacía sentir orgullosa de ser argentina y de formar parte de mi ciudad.

Ser periodista y también emocionarse

En Rafaela Noticias, la cobertura implicó mucho más que estar presente en las competencias. Fue seguir el minuto a minuto, redactar, generar contenido para las redes sociales y la televisión, filmar, entrevistar y buscar la manera de acercar cada historia a quienes no podían estar ahí.

Quería que la gente pudiera sentir un poquito de lo que se vivía en cada escenario. Que conociera a los protagonistas, que se emocionara con sus logros y que entendiera el esfuerzo que había detrás de cada participación.

Y hacerlo desde Rafaela, nuestra ciudad, tuvo un significado especial. Sentir que desde nuestro lugar podíamos contribuir a contar un acontecimiento histórico para la provincia y para la ciudad fue un orgullo enorme.

También fue una experiencia de trabajo compartido. La solidaridad entre colegas, la colaboración y la predisposición para ayudarnos hicieron que todo fuera más llevadero. En una cobertura de esta magnitud, donde las horas pasan rápido y siempre hay algo más por hacer, saber que hay otros dispuestos a darte una mano vale muchísimo.

Y, por supuesto, me llevo tantos y tantos mates compartidos. En la redacción, en los distintos escenarios, mientras veíamos las competencias o aprovechábamos un momento para descansar. Mates que acompañaron las jornadas, las charlas, las risas y también el cansancio. Porque esos momentos, que parecen pequeños en medio de una cobertura tan intensa, terminan siendo parte de los recuerdos más lindos. Los Juegos también se vivieron alrededor de un mate, compartiendo la emoción de cada competencia, comentando lo que pasaba y disfrutando de estar ahí, juntos, siendo parte de algo histórico.

Mi pareja Damián y mi sobrino Nicolás.
Mi pareja Damián y mi sobrino Nicolás.

Quiero destacar, además, el trato recibido por la prensa y la comodidad de los espacios destinados al trabajo periodístico. Contar con lugares adecuados para redactar, editar y organizar el material permitió desarrollar la cobertura de una mejor manera.

Por supuesto, también hubo cansancio. Hubo horas extras, descanso resignado y días intensos. Pero cuando pienso en todo lo vivido, ese esfuerzo queda en un segundo plano. Volvería a hacerlo. Volvería a sacrificar esas horas de descanso con tal de tener la oportunidad de vivir nuevamente una experiencia así.

Porque fue hermoso ser parte. Porque hubo adrenalina, entusiasmo, compañerismo y una emoción que no se puede fabricar. Y porque, por más que una intente mantener la distancia que muchas veces exige el trabajo periodístico, hay acontecimientos que inevitablemente te atraviesan.

El legado que me gustaría que quede

Los Juegos Suramericanos dejan un legado en infraestructura y en la posibilidad de que Santa Fe haya sido escenario de un evento deportivo de esta magnitud. Pero, más allá de lo material, hay algo que me gustaría que perdure mucho más tiempo.

Ojalá que los chicos y los jóvenes que se acercaron a las competencias se hayan ido con ganas de practicar un deporte, de entrenar, de aprender y de perseguir sus propios sueños.

Ojalá que hayan podido ver en esos deportistas un ejemplo de disciplina, esfuerzo y perseverancia. Que comprendan que detrás de cada logro hay trabajo, que los resultados no llegan de un día para el otro y que nadie alcanza sus objetivos completamente solo.

Que quede también la importancia de acompañar. De las familias, de los amigos, de los entrenadores, de las instituciones y de una comunidad que alienta y reconoce a quienes se esfuerzan.

Si un chico salió de una competencia con ganas de empezar a entrenar, si una familia descubrió una disciplina que no conocía o si alguien comenzó a seguir a un deportista porque escuchó su historia, entonces algo de todo esto ya habrá dejado una huella.

El lunes después de los Juegos

El lunes 28 de septiembre llegué a la oficina de Rafaela Noticias y sentí nostalgia.

Ya no había que cubrir una competencia, ni redactar una noticia sobre los Juegos, ni generar contenido para las redes sociales o para Rafaela Noticias TV. Ya no estaba ese movimiento constante, esa expectativa por lo que iba a pasar, esa necesidad de estar atentos a cada novedad.

Y me di cuenta de que iba a extrañarlo.

Es curioso cómo algo que durante tantos días ocupó tantas horas de trabajo puede dejar, cuando termina, una sensación de vacío. Quizás porque no se trató solamente de cumplir con una tarea, sino de vivir una experiencia que me hizo disfrutar todavía más de lo que hago.

Me quedo con las imágenes, las entrevistas, las historias, las horas compartidas con mis compañeros y la emoción de haber estado ahí. Me quedo con el esfuerzo de los deportistas y con esa hinchada argentina que, por momentos, parecía convertirse en una sola voz.

Me quedo con la posibilidad de haber contado lo que estaba pasando y de haber acercado a la gente a quienes fueron los verdaderos protagonistas.

Y, sobre todo, me quedo con la certeza de que fui parte de algo único e histórico para nuestra provincia y nuestra ciudad.

Como periodista, tengo la responsabilidad de contar los hechos, de informar y de acercar las historias a la comunidad. Pero también soy una persona que siente, que se emociona y que disfruta cuando el trabajo le permite vivir momentos que quedan guardados para siempre.

Los Juegos Suramericanos ya terminaron. Las tribunas volvieron a quedar en silencio y los deportistas siguieron sus caminos. Sin embargo, algo de todo lo que vivimos permanece.

En mi caso, me llevo una experiencia que volvería a elegir una y mil veces. Porque hay coberturas que se convierten en recuerdos, y recuerdos que terminan formando parte de nuestra propia historia.

Y estos Juegos, para mí, ya son parte de la mía.

 

Juegos Suramericanos 2026

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