Santa Fe no es ajena a esa realidad. En el Frente Progresista Cívico y Social está todo bastante claro: se hará lo que decida el gran elector, es decir, Hermes Binner. El exgobernador será diputado nacional desde diciembre, pero no pasará mucho tiempo en su banca: deberá dedicar la mayor parte de su labor a la tarea de recorrer el país, si es que de verdad quiere dejar de depender de la buena prensa (opositora) de que dispone para hacerse conocer más allá de Santa Fe. De la suerte que corra en ese intento dependerá de si intenta repetir su experiencia del 2011 o si, por el contrario, elige refugiarse en la provincia para intentar un nuevo mandato. El radicalismo, sin voz ni voto en las decisiones de alta política del FPCyS, tratará de sumarse al binnerismo tratando de obtener la mayor tajada posible de la negociación, como ya lo demostró Mario Barletta, abanderado a la hora de acordar para beneficio propio.
En el peronismo el tema es más complejo. Las encuestas indican que Jorge Obeid está recuperando muchos de los votos que huyeron del peronismo cuando Agustín Rossi encabezó la propuesta del PJ, provocando una migración de la que Miguel Torres del Sel fue el principal beneficiario. A la Tota de Midachi ya parece haberle pasado su mejor cuarto de hora, sobre todo porque a medida que transita las calles de la política más se mete en el barro de los exabruptos y las tonterías.
Con Rossi “neutralizado” en el Ministerio de Defensa y Obeid ya desgastado por dos períodos al frente del Ejecutivo provincial, todo indica que el rafaelino Omar Perotti y la rosarina María Eugenia Bielsa aparecen como los dirigentes mejor perfilados para intentar la recuperación de la gobernación de Santa Fe. Pero entre ambos hay una diferencia sustancial: Perotti tiene una construcción territorial propia y lidera un grupo político con responsabilidades ejecutivas, además de su propia presencia en la Cámara de Diputados de la Nación. De hecho, Rafaela es el distrito santafesino más importante en manos de un gobierno justicialista.
Hermes Binner tuvo en claro desde que asumió como gobernador, en 2007, que Perotti era uno de los adversarios a los que había que aplicarle la parte más áspera de la lima. Por eso no dudó en recortar obras públicas, cancelar proyectos y restringir colaboraciones al municipio de Rafaela, entonces gobernado por Perotti. Mientras Binner ejecutaba esa política, el socialismo instaló –junto a sus socios locales, en donde no faltaron algunos opositores internos a Perotti- la premisa de que era Perotti el que ponía “palos en la rueda” provincial. En ese inteligente y cínico juego, Binner invirtió la carga de la prueba: no era él el que paralizaba las obras, era Perotti el que se oponía a la transformación provincial. El planteo se convirtió en una insólita “verdad” de la política local. ¿Alguien imagina qué respondería Binner si el gobierno nacional dijera que la provincia de Santa Fe pone palos en la rueda para ejecutar obras públicas en su territorio?
Si Binner tuvo en claro desde el principio que Perotti era un peronista que en el futuro podría disputarle la provincia al socialismo, ahora también lo están descubriendo algunos peronistas. Sin embargo, la estrategia para “limar” al referente territorial del justicialismo es otra. Ya ha trascendido que algunos sectores internos del peronismo están preparando una ofensiva de descrédito contra Perotti, en una escalada que incluye desde la preparación de panfletos sin firma hasta el “escrache” en redes sociales. Ya algunas puntas se mostraron: hace pocos días, en Facebook apareció un posteo anónimo que mencionaba una supuesta “agresión espontánea” al diputado nacional cuando éste tomaba café en una conocida confitería céntrica. Una mentira que, repetida de boca en boca al estilo goebbeliano, pretendía transformarse en leyenda urbana. No prosperó, pero no por eso los autores intelectuales de la iniciativa piensan cejar en el esfuerzo.
Sugestivamente, todos estos movimientos aparecen mientras el Frente Progresista mueve sus alfiles, también contra Perotti. Una carta de lectores por aquí, posteos anónimos por allá, golpes bajos a los candidatos del sector –ya los empezó a sufrir Chany Fontanetto, por ejemplo- y un “tiroteo” mediático constante contra el principal referente del peronismo regional son parte de la estrategia de lo que parece una “guerra sucia” destinada a limar el prestigio de Perotti y su proyección política provincial. Una guerra en la que, sugestivamente, socialistas, radicales y peronistas de los bordes parecen haberse puesto de acuerdo.