Sr. Director:
Hace unos pocos días he visto publicada una carta de lectores en el diario La Opinión, donde su autor, el señor: Vicente Dómina, LE: 6.284.824, hace un convite a alguno de los que por el año 2009 habíamos firmado una solicitada en apoyo al modelo que representa el gobierno nacional, en virtud a ello me he sentido interpelado, porque junto a otros tantos ciudadanos, en un momento tortuoso para la vida nacional y desde un ámbito no propicio, firmamos aquella solicitada, cosa que volvería hacer en el convencimiento pleno de encontrarnos hoy en el camino de soberanía política, igualdad social e independencia económica, perdido en 1955. No obstante el interpelante enfoca su interrogante en el accionar de la agrupación La Cámpora en el ámbito escolar, quizás por el temor al “adoctrinamiento” que “padecen” los educandos ante “tamaña intromisión”, a lo cual respondo que en mis largos años de estudio tanto en la escuela primera, secundaria, terciaria y también universitaria, he padecido (al igual que el interpelante) un permanente “adoctrinamiento” pero en forma solapada, verbigracia: he sido educado desde la visión sesgada de la historia nacional, encarada por Bartolomé Mitre, esa historia que despreciaba lo nacional -nuestros héroes del interior profundo como los caudillos “salvajes”- para ensalzar lo foráneo, el mismo que llevó al país a ser parte de la guerra más oprobiosa del cono sur: la de la Triple Alianza y que luego fundó el diario La Nación, que hoy con mentalidad colonizada sigue en la misma línea de su fundador, de admiración a lo extranjero en detrimento de todo lo que sea nacional y popular. Luego, cuando estudiaba la Tecnicatura en Administración de Empresas, fui “adoctrinado” en las diversas teorías que ensalzaban la libertad plena y absoluta del mercado, como si fuese la panacea de la sociedad y la solución a todos sus males, entre otros tantos “adoctrinamientos” que por no hacer extensa esta descripción no detallaré. Sí, he padecido “adoctrinamientos” varios, pero lo peor es que eran solapados, furtivos, tangenciales, que buscaban seguir colonizando mentes para que el sistema impuesto desde el imperio no se caiga y así crecimos en la mentira de creer en teorías nocivas para el conjunto pero beneficiosas para intereses de multinacionales, de entes internacionales que estrangulaban todo intento de crecimiento de lo nacional. Así soportamos golpes civicos-militares en forma sistemática, mi interpelante muchos más que yo (según delata su número de documento) y el país retrocedía con cada uno de ellos, pero se justificaban porque no había conciencia política del ser nacional.
Hoy tenemos casi treinta años de democracia ininterrumpida, con aciertos y yerros, pero hoy la sociedad en su mayoría no acepta un nuevo intento de golpe de ninguna índole, hemos crecido, sabemos lo que ha costado y sabemos lo importante que es la política para el desarrollo del país, siendo el hoy -nunca antes- cuando la juventud ha encontrado en esa política sus ganas de hacer, de compartir, de brindarse a los que más lo necesitan, de amar a su país, porque el país sin líderes políticos naufragará irremediablemente, lo saben los poderosos de siempre, por eso atacan todo lo que vincule a juventud con política, entonces destruido ese hilo conductor serán ellos, los que han hundido una y otra vez la nación, los que tomen el poder y nos lleven por los caminos ya transitados del fracaso.
Amén de lo expuesto, el deseo medular de la presente es dejar plasmada una carta publicada recientemente y que hace referencia al tema que nos convoca, espero sirva esto de cabal respuesta a la requisitoria del señor Dómina.
Fernando Oscar Heinzen