Tal como se informa en RAFAELA NOTICIAS, diariamente se dan a conocer gran cantidad de delitos en nuestra ciudad. Los vecinos se comunican con el medio para comentar sus vivencias y situaciones por las cuales debieron pasar. En este caso, un lector comunicó que un local comercial dejará de atender al público en los próximos días, debido a la inseguridad y a las costosas tarifas energéticas.
Las propietarias del almacén de calle Liniers dieron su testimonio y esto expresaron a RAFAELA NOTICIAS: “Hace 30 años arrancamos con una verdulería solamente. Después se agrandó a almacén, con un camión íbamos a Santa Fe. Era la época en la que la gente de campo se acercaba y realizaban compras importantes, además de que no había supermercados. Luego estos aparecieron y la gente nos reclamaba que vendiéramos artículos de almacén. Con el tiempo pasamos a tener una carnicería. Hace 10 años nos mudamos a este lugar y la parte de la carnicería no entraba, por ende, nos quedamos con el almacén. Aparte era complicado continuar con la carnicería. En estos momentos, tarifazos y demasiada inseguridad son los motivos de nuestra despedida. Con respecto al primero, se paga y se continua, pero la otra problemática no tiene solución”.
El primer robo y el daño generado
“El primer robo que sufrimos fue en calle Gaboto (lugar en el que iniciaron). Mi hijo tenía 4 años y le pusieron un revolver en la cabeza. Después de eso se había calmado la situación. Pero desde hace tres años es un robo atrás del otro. No nos terminamos de acostumbrar de uno y ya vuelven a entrar. Si no logran entrar, uno sufre el destrozo ya que es un gasto importante. Romper una vidriera significa entre $3000 y $5000, el arreglo de una puerta es otro importe. Generalmente, el daño es mayor por sobre los elementos robados”, señaló una de las dueñas.
“No se le puede colocar más rejas al lugar”, debido a la cantidad de medidas de seguridad implementadas en el comercio por parte de las encargadas.
“Hace 15 días, cuando hubo una tormenta durante la noche, un vecino escuchó un golpe, se asomó, observó al delincuente y llamó a la policía. Pareciera que debemos agradecer que los últimos robos sucedieran mientras nosotras no estábamos. Tuvimos varios delitos que sucedieron dentro del local. En uno dispararon al interior del techo, en otro me cortaron la cabeza con un cuchillo y cuando estaba en el suelo me pegaron varias patadas. Son menores de 16 y 17 años, los cuales quedan en libertad pese a que en algún momento los capturan. Lo malo es que si yo los toco, voy presa, sin importar los golpes y amenazas que ellos me hicieron. Y en alguna ocasión la Policía me dijo: ‘¿Cómo lo vas a tocar?’, sonando como un reto”, explicó indignada una de las propietarias.
También les apuntaron con armas de fuegos mientras se encontraban en el almacén. En una ocasión les apoyaron un cuchillo y una escopeta recortada.
Tristeza e impotencia
“Luego de que se llevan todo, al día siguiente recibimos a los proveedores, a quienes debemos pagarles, entonces a uno se le caen las lágrimas porque no tienes un peso y hay levantar un negocio de la nada”, recalcó con tristeza la mujer.
El tarifazo, otra problemática que perjudicó al almacén
“Cuando recibí la boleta de la luz estaba comiendo, al ver el costo dejé de hacerlo. Llamé a mi socia y le dije que debíamos pagar $24.000. Tenemos que pagarla en cuotas porque no tenemos cómo abonarlas. Nos sentimos mal, buscamos una solución y nos dijeron: ‘Paguen en cuotas’. Para mí no es una solución. Fue una semana de sentarse a hacer números y estos no cerraban. No logré juntar el dinero. Por último, las dudas en cuanto a la continuidad del lugar se me aclararon cuando intentaron robarnos por undécima vez. Forzaron las rejas pero no lograron entrar. Nuevamente nos generó gastos. Entonces, aquellos hechos de inseguridad, sumado a las costosas boletas de la luz, nos llevaron a tomar la decisión de cerrar”, finalizaron las dueñas del almacén que 30 años después dejará de atender al público.