El proyecto de reforma de la Ley de Farmacias impulsado por el Gobierno nacional volvió a encender el debate sobre la comercialización de medicamentos. La iniciativa plantea, entre otros cambios, habilitar la venta de productos de venta libre en otros comercios, avanzar con la comercialización online y flexibilizar distintos aspectos del funcionamiento de las farmacias.
En diálogo con Mitre Santa Fe, la representante del Colegio de Farmacéuticos de Santa Fe, Miriam Monasterolo, manifestó la preocupación de la entidad y sostuvo que la propuesta implica un nuevo intento de desregulación que pone en discusión el rol sanitario de las farmacias.
La dirigente recordó que la legislación nacional vigente reconoce a la farmacia como un establecimiento sanitario y al farmacéutico como el profesional responsable de garantizar que los medicamentos lleguen a los pacientes en condiciones seguras y con la calidad adecuada. En ese sentido, afirmó que el eje del debate debe ser la protección de la salud pública y no únicamente la comercialización de estos productos.
Monasterolo también aclaró que, en el caso de Santa Fe, la situación es diferente debido a que la provincia cuenta con autonomía en materia sanitaria y posee una normativa propia que regula el funcionamiento de las farmacias. Según explicó, esa legislación provincial preserva el modelo sanitario vigente, por lo que una eventual modificación nacional no tendría aplicación automática en el territorio santafesino.
Uno de los principales cuestionamientos del Colegio apunta a la posibilidad de vender medicamentos de venta libre fuera de las farmacias. Aunque estos productos no requieren receta médica, la farmacéutica remarcó que igualmente necesitan la intervención de un profesional, ya que pueden presentar contraindicaciones, interacciones con otros tratamientos, efectos adversos e incluso provocar intoxicaciones si se consumen de manera inadecuada.
Además, destacó que existe una diferencia entre "vender" un medicamento y "dispensarlo". Mientras que en una farmacia el paciente recibe asesoramiento profesional sobre el uso correcto del producto, en otros puntos de venta ese acompañamiento desaparece, favoreciendo la automedicación y un consumo menos responsable.
Respecto de la digitalización del sistema de salud, Monasterolo aseguró que el Colegio acompaña la incorporación de herramientas tecnológicas que agilicen los procesos administrativos. Sin embargo, advirtió que cualquier sistema de comercialización online debe garantizar estrictos estándares de seguridad y mantener la intervención efectiva del farmacéutico durante todo el proceso de dispensa.
Finalmente, insistió en que el medicamento "es un bien social y no un producto de consumo cualquiera", por lo que defendió la necesidad de preservar la actual cadena de comercialización: producción por parte de los laboratorios, distribución a través de droguerías y entrega al paciente exclusivamente en farmacias bajo la supervisión de un profesional farmacéutico.