En el corazón de la cuenca lechera más importante del país, donde la ciudad de Rafaela actúa como epicentro de una actividad que motoriza a decenas de pueblos y ciudades, los números de la logística han encendido una luz de alarma.
El reciente informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) pone de manifiesto una realidad que los productores e industriales de nuestra región perciben a diario: la recolección de materia prima se ha vuelto un factor crítico que erosiona la competitividad de toda la cadena. La logística, ese puente invisible pero costoso entre el tambo y el recibo industrial, hoy muestra cifras que preocupan por su marcado desequilibrio.
Un desequilibrio financiero que golpea la competitividad
El análisis pormenorizado del OCLA revela que el "Costo de Recolección de Materia Prima Leche (flete del tambo al recibo industrial)" es, hoy más que nunca, un eslabón determinante en la estructura de costos.
Según los datos suministrados por las propias empresas del sector, los costos de los fletes de recolección tuvieron un aumento interanual promedio ponderado en torno al 33%. Esta cifra, por sí sola, ya resulta impactante, pero adquiere una gravedad mayor cuando se la compara con la evolución del ingreso del productor. Mientras el transporte subía a ese ritmo, el precio de la leche al productor lo hizo en un escaso 8,1%.
Esta brecha generó un fenómeno de pinzas: por un lado, un incremento notable en la incidencia de los fletes sobre el valor total de la leche y, por otro, un rezago en la rentabilidad de la producción primaria.
El informe destaca que "este costo corre por cuenta de la industria ya que el precio de la leche es puesto en salida de tambo y no en el recibo de la industria". Sin embargo, la realidad económica indica que cualquier incremento en la logística termina impactando indirectamente en el precio neto que la industria puede ofrecer.
En términos de moneda extranjera, la situación presenta un matiz diferente, dado que el valor en dólares por litro de leche subió menos por el menor ajuste del tipo de cambio, el cual se ubicó en un 24%.
Modelos de transparencia: el espejo del mundo para Argentina
Al analizar cómo se resuelven estas tensiones en otras latitudes, el informe del OCLA permite observar que Argentina mantiene un esquema tradicional, aunque menos transparente que el de sus competidores globales.
En países como Estados Unidos, es muy común el costo explícito al productor, donde se contrata el camión y se descuenta un cargo de transporte denominado "hauling charge" de la liquidación mensual.
En cambio, en Europa y Oceanía predomina un costo absorbido por la industria pero incorporado al precio, o bien sistemas cooperativos como los de Nueva Zelanda e Irlanda, donde el costo se reparte equitativamente entre los socios.
Para nuestra región, es fundamental entender que, si bien en Argentina la industria suele hacerse cargo de la logística, ese costo siempre se refleja en el precio final. El OCLA es tajante al respecto: "Argentina es uno de los países donde históricamente la industria suele hacerse cargo de la logística de recolección, aunque naturalmente ese costo termina reflejándose en el precio neto".
La conclusión del estudio es que, independientemente del país o el sistema, el transporte desde el tambo a la planta termina siendo soportado por el productor, ya sea por descuento directo o por un precio de leche menor. La gran diferencia radica en "cómo se transparenta ese costo en la cadena".
Tecnología de punta: la sofisticación del transporte de leche
Más allá de los fríos números económicos, el informe también arroja luz sobre la complejidad técnica que requiere el transporte lácteo moderno, algo que vemos circular permanentemente por nuestras rutas regionales.
Un camión recolector hoy no es solo un tanque, sino un laboratorio móvil. Las unidades actuales cuentan con una cisterna isotérmica de acero inoxidable y un arsenal tecnológico para garantizar la calidad.
Entre el equipamiento destacado por el OCLA se encuentran las bombas sanitarias de leche (centrífugas o lobulares) y los caudalímetros electrónicos homologados que aseguran la medición precisa del volumen recolectado.
Además, la digitalización ha llegado a la cabina con computadoras de a bordo para captura de datos, GPS y sistemas de gestión de rutas con telemetría en tiempo real.
Estos equipos incluyen también muestreadores automáticos de leche y conservadoras refrigeradas para muestras, fundamentales para los análisis de antibióticos, pH y alcohol que se realizan antes de la descarga.
Toda esta tecnología, que incluye hasta impresoras portátiles para emitir comprobantes al productor en el momento de la carga, representa una inversión necesaria pero costosa, que explica en parte por qué el flete sigue ganando peso en la economía de nuestra región lechera
Fuente: Observatorio de la Cadena Láctea Argentina