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Deportes

Del tambo a Talleres: la historia de Ariel, el niño de 12 años que persigue el sueño de llegar al fútbol grande

Nacido en Colonia Mauá, Ariel comenzó a entrenar en Talleres de Córdoba después de años de esfuerzo familiar. La historia del chico de 12 años que persigue el sueño de llegar al fútbol grande.

Hay sueños que empiezan mucho antes de una prueba en un club de Primera División. En el caso de Ariel Villaruel, comenzaron en los caminos rurales de Colonia Mauá, una pequeña colonia donde nació y creció rodeado del trabajo de sus padres, ambos tamberos, quienes nunca dejaron que la distancia fuera un obstáculo para acompañar la pasión de su hijo.

Ariel Villaruel, del campo a jugar en Talleres de Córdoba

Cuando apenas daba sus primeros pasos con una pelota, Alejandro y su esposa, Alejandra, recorrían cerca de 20 kilómetros para llevarlo a entrenar al Club Argentino de Humberto, la institución más cercana a su casa. Allí hizo la escuelita de fútbol durante cuatro años, mientras sus padres organizaban sus jornadas de trabajo en el tambo para que nunca faltara a un entrenamiento.

Con el tiempo, la familia se mudó a Grütly Norte, por cuestiones laborales. Allí Ariel continuó su formación en Tiro Federal de Felicia, donde comenzó a disputar la Liga Esperancina y siguió creciendo futbolísticamente.

Pero el camino no terminó ahí.

Además de jugar en los clubes de la región, durante los últimos dos años integró un selectivo llamado La Banda, dirigido por el entrenador rafaelino Juan Montenegro.

En ese equipo participó de numerosos torneos de gran nivel competitivo frente a clubes de diferentes provincias. Fue justamente en esas competencias donde comenzó a destacarse y donde muchos captadores de clubes importantes empezaron a observar sus condiciones.

Un llamado que cambió todo

Hace apenas dos meses llegó la oportunidad que cualquier chico sueña: una prueba en Talleres de Córdoba.

"Me puse feliz y dije que sí de una. Quería jugar", cuenta Ariel con la sencillez de sus 12 años.

No hubo dudas. El delantero, categoría 2014, empezó a entrenar con el club cordobés y hoy viaja todos los viernes al predio que Talleres posee en Rosario.

Por el momento continúa viviendo con su familia y asistiendo normalmente a la escuela. Los viernes parte rumbo a Santa Fe, donde un profesor del club lo traslada hasta Rosario. Allí entrena, permanece durante el fin de semana y juega los domingos, cuando su padre vuelve a buscarlo.

Si todo continúa como hasta ahora, el próximo año tendrá un lugar en la pensión de Talleres y se instalará definitivamente en Córdoba.

"Estamos orgullosos"

Alejandro no puede ocultar la emoción al hablar de su hijo.

"Contentos por él, porque siempre quiso jugar al fútbol. Hubo otros clubes que también lo buscaron, pero él eligió Talleres. Toda la familia está orgullosa", expresó.

Pero detrás de esas palabras también aparece el esfuerzo cotidiano.

Alejandro, llevando a su hijo a entrenar a Felicia
Alejandro, llevando a su hijo a entrenar a Felicia

Los viajes semanales implican tiempo, organización y dinero para una familia que vive del trabajo en el tambo. Sin embargo, nunca dudaron en hacer el sacrificio.

"Está complicado, pero hacemos el esfuerzo. Hasta Santa Fe lo llevamos nosotros y desde ahí un profesor de Talleres lo traslada a Rosario. Después el domingo voy a buscarlo", explicó.

Un goleador que antes era volante

Aunque hoy juega como centrodelantero, Ariel no siempre ocupó esa posición.

Su padre recordó que durante mucho tiempo se desempeñó como volante hasta que un entrenador de Talleres decidió probarlo como número nueve.

"El primer partido hizo un gol y ahí quedó de nueve", contó entre risas.

Cuando le preguntan con qué delantero se identifica, la respuesta sale rápida.

"Con Julián Álvarez."

¿Su principal virtud?

"Poner muchas ganas y dejar todo."

Más allá del talento

Leonardo Frascara, entrenador de Tiro Federal, recuerda perfectamente el primer entrenamiento de Ariel.

"Nos dijeron que iba a venir un chico nuevo. Lo vimos entrenar y todos quedamos sorprendidos por sus condiciones. Pero lo que siempre rescato es la clase de persona que es. Es educado, respetuoso y se adaptó enseguida al grupo. Las condiciones futbolísticas las tiene, porque por algo lo fueron a buscar clubes importantes, pero cuando uno también es buena persona, eso vale muchísimo."

El entrenador asegura que, pese a su presente en Talleres, Ariel nunca dejó de estar cerca de sus compañeros.

"Siempre pregunta por el equipo, por los chicos, por cómo salió Tiro Federal. Y ellos preguntan por él. Sigue siendo parte del grupo."

Un sueño con camiseta celeste y blanca

Como tantos chicos argentinos, Ariel sueña en grande.

"Quiero jugar en Primera y llegar a la Selección Argentina", dice con total naturalidad.

Es hincha de River, aunque por ahora toda su energía está puesta en aprovechar la oportunidad que le dio Talleres.

Ariel también quiso dedicar unas palabras de agradecimiento a los padres de sus compañeros de equipo. Contó que, en muchos torneos, debido al trabajo de sus padres, les era imposible acompañarlo y siempre hubo alguna familia que lo recibió, lo llevó y lo cuidó durante los viajes. "Quiero agradecer a todos los papás de mis compañeros porque siempre me cuidaron muy bien cuando mis papás no podían ir. Estoy muy agradecido con todos ellos", expresó el joven futbolista, en un reconocimiento que refleja el valor del acompañamiento que recibió a lo largo de su camino.

La historia recién empieza. Detrás de cada entrenamiento hay madrugadas de tambo, kilómetros de ruta, sacrificios silenciosos y una familia que nunca dejó de creer.

Ariel junto a sus papás
Ariel junto a sus papás

Porque antes de que apareciera un club de Primera División, ya había dos personas que todos los días hacían lo imposible para que un chico de Colonia Mauá pudiera perseguir una pelota. Y, con ella, un sueño.

 

Ariel Villaruel TALLERES DE CÓRDOBA Colonia Mauá

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