La ciudad de Rafaela fue escenario este viernes de una importante jornada de capacitación y sensibilización sobre las dificultades específicas del aprendizaje. La conferencia “Dislexia, Disgrafía y Discalculia: comprender para acompañar. Estrategias reales que transforman”, organizada por la Asociación Médica del Departamento Castellanos (AMDC) junto al Instituto de Formación en Salud (IFS), reunió a docentes, profesionales de la salud, estudiantes y familias en el Auditorio “Dr. René Favaloro”.
La convocatoria generó una fuerte respuesta de la comunidad. Según explicó el director del IFS, Dr. Paul Schvarzstein, los cupos disponibles se completaron apenas 48 horas después de abrirse la inscripción. “Nos sentimos emocionados porque en el segundo día ya habíamos superado los 150 inscriptos y cubierto el espacio físico disponible”, señaló.
Por su parte, el presidente de la Asociación Médica, Dr. Jorge Bertram, destacó la importancia de acercar este tipo de espacios de formación a la sociedad. “Es una satisfacción poder concretar una actividad de estas características y con una respuesta tan positiva. Si bien nuestra institución nuclea a los médicos, también buscamos acercar propuestas que resulten valiosas para toda la comunidad”, expresó.
La disertación estuvo a cargo de la Lic. María Constanza Giamarini, especialista en dificultades específicas del aprendizaje y miembro de la International Dyslexia Association (IDA), quien brindó datos que ayudan a dimensionar la magnitud de una problemática que muchas veces permanece oculta.
Una realidad presente en todas las aulas
Durante su exposición, Giamarini explicó que las dificultades específicas del aprendizaje afectan aproximadamente al 10% de la población mundial. “Uno de cada diez chicos tiene una dificultad específica del aprendizaje. En un aula de 30 alumnos, al menos tres presentan dislexia, disgrafía o discalculia”, señaló.
La especialista detalló que la dislexia se manifiesta principalmente en la lectura y la escritura, la discalculia en el aprendizaje de las matemáticas y los cálculos, mientras que la disgrafía afecta las habilidades de escritura. Además, aclaró que estas condiciones suelen aparecer asociadas entre sí y que cada caso requiere un abordaje particular.
“No son chicos tontos, vagos ni rebeldes. Son chicos que tienen una manera diferente de aprender y también una forma distinta de demostrar lo que aprendieron”, remarcó. Según explicó, comprender estas dificultades permite evitar frustraciones, mejorar las trayectorias educativas y acompañar de manera adecuada el desarrollo personal de los estudiantes.
La falta de capacitación, una deuda pendiente
Uno de los aspectos que más preocupación generó durante la charla fue el análisis sobre la preparación del sistema educativo para abordar estas situaciones. Giamarini recordó que la Ley Nacional 27.306 establece que los docentes deben recibir formación sobre dificultades específicas del aprendizaje. Sin embargo, aseguró que en la práctica esa capacitación muchas veces no llega a las aulas.
“La mayoría de los docentes que logran capacitarse lo hacen por sus propios medios. Lamentablemente, la mayoría de las aulas de nuestro país no cuenta con la formación necesaria para detectar y acompañar estas situaciones”, afirmó. La especialista advirtió que esta falta de herramientas puede tener consecuencias emocionales profundas en los estudiantes.
“De cada tres chicos que abandonan la escuela, dos son disléxicos”, sostuvo, al tiempo que remarcó que muchos de ellos atraviesan años de incomprensión antes de recibir un diagnóstico adecuado.
Uno de los momentos más sensibles de la conferencia estuvo vinculado al impacto que estas dificultades pueden generar en la autoestima de niños y adolescentes. Giamarini relató que muchas veces los diagnósticos llegan tarde, después de años de frustraciones, malos resultados escolares y situaciones de estigmatización. “Es doloroso escuchar adolescentes que fantasean con la idea del suicidio por no ser comprendidos”, expresó.
La especialista también comentó que recientemente recibió consultas de familias cuyos hijos, de apenas ocho años, manifestaban su rechazo a asistir a la escuela debido al sufrimiento que experimentaban en el ámbito educativo. “La falta de comprensión hacia estos chicos es significativa. Muchas veces quedan expuestos frente a sus compañeros porque tienen dificultades para leer o escribir, y eso genera un enorme sufrimiento”, explicó.
Diagnóstico temprano y acompañamiento
Otro de los ejes centrales de la jornada fue la importancia de detectar estas dificultades a edades tempranas. La licenciada sostuvo que cuanto antes se identifique el problema, mayores serán las posibilidades de brindar herramientas que permitan al estudiante desarrollar todo su potencial. “Cuando la familia comprende lo que sucede y recibe orientación adecuada, el impacto es completamente distinto. El diagnóstico temprano evita muchas consecuencias negativas y permite trabajar desde el inicio”, afirmó.
En ese sentido, destacó la necesidad de capacitar no sólo a los docentes, sino también a los pediatras y otros profesionales que tienen contacto con los niños durante los primeros años de vida. Durante el intercambio con los asistentes, Giamarini aclaró que la dislexia no es una enfermedad y, por lo tanto, no tiene cura. “Nacen disléxicos y mueren disléxicos”, afirmó.
No obstante, explicó que los tratamientos permiten brindar estrategias y herramientas para que los estudiantes puedan atravesar con éxito toda su trayectoria educativa. “Lo que hacemos es sacar esa piedrita del zapato que les impide correr en igualdad de condiciones con el resto. Con pequeñas adaptaciones pueden desarrollarse plenamente”, ejemplificó.
La especialista insistió en que estos niños poseen la misma capacidad intelectual que cualquier otro estudiante y que, en muchos casos, incluso presentan habilidades destacadas. “Son chicos brillantes. Lo único que necesitan es que les demos la oportunidad de aprender de una manera acorde a sus características”, concluyó.
La conferencia dejó como principal mensaje la necesidad de avanzar hacia una educación más inclusiva, basada en la comprensión, la detección temprana y el acompañamiento, para que ninguna dificultad invisible se convierta en una barrera para el aprendizaje.